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Los recuerdos alteran mi conciencia para soñar

 evitando que el traicionero olvido

 se atrinchere en mi cabeza.

 Muchas de nuestras preguntas presentes

 serán respondidas en un futuro incierto,

 donde no se si tus pies

 pisarán las aceras de mi vida.

 Mientras tanto el sol de la ventana se diluye,

 ramificándose en las azules formas,

 que se deslizan en tu cama;

 dibujando en nuestras piernas

 un mapa de direcciones,

 donde la orientación la marcan nuestras bocas.

 Y tu, con esa sonrisa extendida que me viste de olores,

 adormeciendo a ese Yo que se deshilacha,

 para desintegrarse en un despiste pasajero

 del que no quiero salir.

 Un delirante ensueño donde las palabras

 naufragan en las corrientes de la saliva,

 en las profundidades de esas miradas que no esperan

 y lo esperan todo.

 Con la idolatrada magia de los latidos,

 que van más allá de unos pechos rebosantes de miel.

 Ahora que guardamos silencio en esta avenida de costillas,

 en esta mitológica inexistencia poblada de quietud;

 nuestras manos navegan para encontrarse en alta mar,

 donde nadie conoce nuestros nombres,

 donde nosotros mismos trascendimos en la nada más bella.

Dani Becerra

He venido a las puertas de tu casa

 para robarte los sentidos,

 para despojarme de mí mismo;

 de mi voz, de mis deseos,

 de todo aquello que me construye

 con el propósito de Ser.

 He llegado…

 para perder la finalidad de mi regreso,

 para olvidar la atención de tus ojos;

 de tus manos, de tu piel,

 del abrigo de ti misma,

 del amor que me guardas.

 Han caído a nuestros pies

 las kilométricas distancias, rompiéndose,

 ensordeciendo al mundo y a su justificación;

 evaporando los océanos de tiempo,

 que sostuvieron a un destino interesado

 en todas las desuniones,

 que nos llevaran a coincidir

 en este punto sin medidas;

 donde lo más claro que tenemos

 es lo que no somos.

 Donde la sorpresa se basa en las imperfecciones,

 en los errores descuidados de intención,

 en hacernos tanto bien

 que hay que saber jugar la partida.

 Sólo dime que no me quieres,

 que no me necesitas a tu lado

que duermes bien cuando mi vacío

 ocupa tu cama.

 Que te satisface la ausencia de mi calor,

 que eres capaz de desterrar

 la veneración de mis labios;

 que sonríes cuando mis palabras

 te las arranca el viento…

 porque si es así…

 no se a qué esperamos para besarnos,

 para incendiar los ruidos,

 esos que vinieron de la razón.

 Porque nuestra deriva confabula

 a favor de todo lo que no somos,

 para alumbrarnos en este destino

 sin pesados caminos.

Dani Becerra

Y mis manos vacías de tu cuerpo
harán de mi voz una escultura,
que de forma a cada trozo de tu piel.
Mis labios exentos de besos,
Tienen prohibido pronunciar las
palabras del amor pero eso me da igual,
hay mil maneras de hacerlo ver.
Mis gestos, tan naturales como la lluvia,
serán humildes como las viejas ropas,
que se encuentran guardadas en las maletas
que hay a las puertas de mi casa.
Hoy quiero viajar, ver el cielo azul y
tener la certeza de que todo cambia.
Eres capaz de dormir en el lomo de una gota
y al levantarte enseñarme un poco más
con la crudeza de este enorme Jardín.
He comprendido que una de mis
innumerables vidas es inviable.
Ahora siento que no he perdido nada pues nunca tuve,
tan sólo me he cubierto de cientos de matices.
Ha llegado el momento de cruzar un umbral sin retorno,
no quiero una casa que me recuerde una definición
de mi existencia… tan sólo unas botas con las que ir.

Dani Becerra

Aquellos sueños

Dani Becerra

El lobo estepario nace… cuando un día tomas consciencia del hecho de que simplemente… no encajas… esto puede ocurrir cuando eres niño o en un momento más maduro pero… está irremediablemente estigmatizado por el auténtico nacimiento… el de los ojos. Esos que te permiten radiografiar el alma de una persona al mirarla… esos que conocen la sencillez de las cosas porque se percatan de que la complicación la ponemos nosotros mismos.
Son esas circunstancias en la que te sientas en un parque y ves a la gente correr y no lo entiendes… y deseas preguntarle a cualquiera: “¿por qué corres?”… y sabes, además, que no existirá probablemente una respuesta profunda y coherente con dicha acción… empiezas a ver el mundo como un exquisito y tenebroso entramado de circunstancias donde la casuística y las reacciones estereotipadas parece que gobiernan de forma tiránica a tus congéneres… dotándolos de la más sórdida estupidez. Es justamente aquí cuando decides matar a la cultura… y el comienzo está en ti mismo… en la muerte del hombre como heredero de todo un legado perverso…
Es un camino de no retorno… ya que al tomar consciencia del enorme teatro, tan sólo deseas a gente como tu… que son pocos… aquí comienza la soledad más abyecta … porque si… lo has elegido pero qué duro se hace cuando los pocos que son de tu estirpe simplemente pasan por tu lado como una exhalación… tu soledad se hace más profunda… porque conoces las mieles pero distan de ti… de tu más íntimo alcance. La presencia de cualquiera te puede resultar cansina… a veces, insoportable.
El lobo estepario y su lengua… esa con la que saborea la vida en su más estricto devenir, de la única forma que conoce… la pasión… esa lengua que percibe con total nitidez los sabores de la lujuria, el deseo, el éxtasis de un buen momento pero que, viene acompañado de los sinsabores… de igual intensidad… son unos sentidos ferozmente agudizados, que capturan la esencia de todas las cosas… no hay mejora sin rémora… se podría decir tanto… ¿verdad?

Dani Becerra

Ahora navego con el viento de frente,
con la única necesidad de no ir a ningún lugar;
con la certeza de encontrarme en el crepúsculo del hombre.
Miro al cielo, ese lugar donde dibujas con tu Voz
las constelaciones, un entramado de estrellas
donde descansan mi ojos,
donde leo la sentida cotidianidad con la que te enfrentas
a esos Titanes del estorbo.
Esas luciérnagas de luces cálidas
que relajan la expresión de mi fuego,
que atenúan la dureza de mi piel
para darte paso a través de mi pecho.
Campas en mi cuerpo con la naturalidad de la viajera
que conoce mis caminos;
dotándome de ese perpetuo plenilunio,
que ilumina los pasos nacidos de las sensaciones.
Abrigando a mis noches con la luz de esta enorme luna,
la que tejieron tus dedos.
Comienza a lloviznar dulcemente con esa bendita agua,
las gotas de las delicias de la carne.
Provocando todo un cántico
al tomar contacto con mis labios,
un himno homérico que será recordado
por toda la eternidad.
Miro mis manos… no tienen líneas,
tan sólo rezuman el aroma de los bosques,
el sonido extático de la Creación.
La bóveda queda demasiado lejos desde mi barca
pero mis instintos piden paso.
Y este apoteósico salto se sustentó en los himnos,
en los aromas, en las gotas, en la luz, en el fuego…
hubo un instante en el que creí tocar los cielos
pero descendí sin, ni tan siquiera, preparar una caída.
Ya en la orilla, con el susurro de las Oceánides desperté.
Fue en aquel crudo momento cuando di un nuevo paso…
en el despertar del animal de los sueños del hombre.

Dani Becerra

Dani Becerra 

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